La tierra, una más

Por Daniel Roselli

Perlas de la realidad palmirense

La tierra una más

Quien no viva junto a la ciudad puerto, el más importante del interior, ni se imagina el alto costo que padecen los palmirenses porque Nueva Palmira se haya convertido en la ciudad portuaria como estaba predestinada. Pero sólo la mitad de los sueños se cristalizaron, porque en la escena nacional esta ciudad solo existe puntualmente y es desconocida por el gobierno; la falta de inversión pública y la ambición empresarial desmedida la han arrinconado. Por ello, vecinos cansados, hartos, en una convocatoria que llega a todos los puntos de la ciudad, se movilizan mañana domingo reclamando soluciones.

Ya desde los tiempos de Jorge Batlle, con la construcción de la explanada de Ontur, aparecen en escena empresarios que construyen primero y luego preguntan si está bien que hayan invertido en ese lugar. Y las autoridades, una vez más, hacen una excepción y les dan el permiso.

Los tiempos han cambiado y nos cambiaron, en algunas cosas para mal. Las crisis económicas, las necesidades insatisfechas, la escasez de fuentes de trabajo, llevaron a que las autoridades y la comunidad aceptara “cualquiera”.

Los silos pegados a la ciudad o dentro de ella son la muestra de la eterna búsqueda de los empresarios de instalarse lo más próximo posible a las terminales portuarias y así achicar los costos de los fletes.

Pero todo tiene un límite. Y la falta de previsión en una obra carretera y la tierra que inundó la ciudad fueron el estallido final. Las casas llenas de polvo de tosca, chicos con problemas respiratorios, una situación agobiante al punto tal que hubo vecinos que dijeron basta. Y así surgió el movimiento (con mucha razón, hay que repetirlo hasta el cansancio) de vecinos que junto a la Alcaldía de Nueva Palmira convocan a una marcha pacífica y la lectura de una proclama “en defensa de la ciudad”.

Que significa también defender el agua. No es ninguna novedad el ataque recibe de la actividad porturia, industrial y de cloriformes. No es casualidad que las aguas de las playas palmirenses son las que tienen el peor estado (ver página 5 de Colonia).

¿Hasta cuándo?

¿Hasta cuándo debemos aguantar? ¿Cuál es el límite de cada uno? ¿Hasta cuándo uno debe soportar en pos del interés general? ¿Cuál es la raya entre el empresario que invierte y el vecino que se refugia? ¿Tiene más derechos el inversor que el vecino, que el trabajador? ¿Cuándo un vecino tiene razón?

Son muchas las preguntas y muchas las respuestas. Pero los límites son de cada uno.

Vecinos que hoy reclaman, ayer no lo hacían. La hora es de cada uno. Por suerte, estamos en democracia.

Pero quien sí debe dar respuestas, quien debe levantar el guante, es el gobierno nacional que no ha estado a la altura de la situación. Es más, se ha obligado a olvidarse.

El presidente José Mujica viene a la Estancia de Anchorena, se hace presente en un acto de una escuela de Carmelo, pero no cruza el puente de Camacho. El Arroyo Víboras es una frontera infranqueable. ¿Por qué? Mi respuesta es: para no involucrarse en una realidad que apabulla.

En los discursos gubernamentales, en los grandes medios de comunicación, la ciudad de Nueva Palmira es una panacea. Pero claro, los consultados son siempre los empresarios, los representantes del gobierno. Esos discursos, esa información, no tienen como fuente a Nueva Palmira, a sus habitantes.

Esa logística ha afectado y ha deteriorado la calidad de vida de los palmirenses y a la ciudad misma, vulnerando leyes nacionales y municipales. Por ejemplo, en el año 1962, el fallecido caudillo blanco, Wilson Ferreira Aldunate, impulsó una ley que aprobó el senado de la República, aún vigente, y que en el artículo 1º dice: “Declárase de interés para el turismo a la ciudad de Nueva Palmira, departamento de Colonia, y sus zonas adyacentes limitadas por el Río Uruguay, Río de la Plata y los arroyos Sauce y Camacho (por el Víboras)…”. Esta ley, nunca refrendada, y que tuvo otro toque con la ley municipal de 1992, impulsada en la gestión del doctor Carlos Moreira y aprobada por la Junta Departamental de Colonia en el año 1993, estableció las franjas (industrial y de protección) donde, por ejemplo, silos como los de Kilafén (y también Miryn, sobre la calle Ordoñana) no la respetan.

Por ello, Nueva Palmira es el reino del desconocimiento de las leyes y reglamentaciones, con dependencias del gobierno como la Dirección Nacional de Puertos (ANP), la Dirección Nacional de Medio Ambiente (DINAMA), la Dirección de Zonas Francas, con directores y funcionarios con falta de capacidad o de interés sobre lo que sucede aquí, y también mancomunados con empresas y así sacar su tajada.

En Montevideo los escritorios se llenan de proyectos y allá ponen el dedo donde le parece conveniente. Si allí vive un palmirense, es problema del vecino, no del proyecto. Se suman uno y otro más. Aquí va una lista de irregularidades y de proyectos que hacen padecer a la ciudad:

—Por supuesto, comenzamos con la explanada de Ontur: se realizó una obra en forma ilegal por medio de Miguel Fraschini y José Zorrilla, a la vista de todas las autoridades, donde se rellenó el río, se afectó una playa y se atentó contra el paisaje; todo para instalar un gigantesco galpón donde depositar celulosa.

—Terminar la obra de la explanada en el puerto oficial (ejecutada también por la empresa constructora Santamaría) que ha tenido un sinfin de demoras y de irregularidades.

—Plantas de acopio de granos sin los filtros adecuados.

—Carga y descarga de azufre, fertilizantes y otros productos químicos en el puerto oficial en forma irregular, sin los adecuados planes de contingencia.

—Faltas de obras viales: carreteras, accesos, calles, puentes, señalizaciones, etcétera.

—Manipulación de combustibles en forma irregular sin planes de contingencia (ver EL ECO del 12 de noviembre de 2011).

—Instalación y funcionamiento de la planta de hormigonera de la empresa Santa María en pleno Barrio Higueritas.

—Proyecto de instalación de depósito de fertilizantes de Factoril S.A. junto al Barrio Higueritas.

—Proyecto de amarradero de barcazas al norte de la ciudad de Nueva Palmira, a la altura del Arroyo del Sauce.

—Falta de estacionamiento para camiones.

—Empresas de acopio que carecen de playa de estacionamiento.

—Falta cartera de tierra.

—Carencias en el proyecto PIAI.

—Molino de granos en el centro de la ciudad.

—Falta personal en las oficinas públicas, como por ejemplo Aduanas, Bomberos, Ose, Seccional Policial, etcétera.

—La zona franca tiene usuarios con proyectos que nunca cristalizan.

—No hay ciudadanos palmirenses en las oficinas donde se planean y definen proyectos.

—Hospital: falta dotarlo de mayor jerarquía, con mayor inversión, y ponerlo a la altura de los servicios que pueden solicitarle las actividades industriales y portuarias.

—Mayores salarios a los trabajadores.

—Falta de saneamiento.

—Falta de control de las cargas peligrosas.

—Falta de espacios recreativos.

—Ejecución de planes de viviendas.

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